Este jueves 21 de Julio, Don Balon.com ha publicado un artículo del periodista Eric Peyron en el que hace un repaso histórico de la época dorada del Mallorca hasta el día de hoy. Como lo hemos considerado interesante el os copiamos traducido a continuación:

19 de mayo de 1999, Estadio Villa Park de Birmingham. Por el camino quedaron Heart of Midlothian, Genk, Varteks y Chelsea. Roa, Olaizola, Marcelino, Siviero, Miquel Soler, Lauren, Engonga, Stankovic, Ibagaza, Biagini, Dani y Paunovic. Estos fueron los doce guerreros destinados a marcar un hito en la única final europea de la historia del club. Ante la legión romana de la Lazio comandada por los gladiadores Christian Vieri y Pavel Nedved. Las cosas se pusieron feas desde el principio con un gol tempranero del ‘killer’ italiano. Pero la confianza y ambición de la llamada ‘Ensaimada Mecánica’ confeccionada por Héctor Cúper no tenía límites y Dani, sobreponiéndose a la adversidad, puso la igualada en el marcador haciendo soñar a una isla entera que se despertó de golpe con el golpe del ‘mago’ checo Nedved quien, a poco del final, reventó la red roja con un gol de volea. El destino quiso ser cruel a Birmingham con el Mallorca pero este partido fue el preámbulo de muchas noches de gloria que estaban por venir.

Este encuentro fue la recompensa a un bloque que venía creciendo desde años atrás, en las catacumbas de la Segunda División, lleno de jugadores ambiciosos, curtidos en mil batallas, que se desvivían por el club mallorquín. El pequeño Carlitos era el reflejo de un grupo comprometido, que hizo de la ilusión su sello en el césped. Suyo fue el primer gol de la historia de Son Moix, inaugurado en 1999, como sede también fue el gol que permitió al Mallorca tomar la ‘vendetta’ de un Rayo que lo había hecho fuera del camino a Primera un año antes. Desde aquel ascenso en Vallecas ya 15 temporadas en la máxima división del fútbol español cargadas de alegrías, sufrimientos e incógnitas por no saber nunca cómo será el devenir de un equipo que cada año se sobrepone a la fuga de sus estrellas y renueva a su ‘troupe’ con jugadores, mayoritariamente, desconocidos.

Padecimientos como el de la final de Copa en Mestalla del 98 contra el Barça de Van Gaal. Un partido épico en el que los rojos saber sobreponerse a las expulsiones de Mena y Romero ya la lesión del serbio Stankovic, quien aguantó heroicamente sobre el campo durante toda la prórroga con la pierna rota, llegando con vida a los penales, gracias, en parte, a un Carlos Roa incombustible que venía de ganar el Trofeo Zamora al portero menos goleado de Primera División. De nada sirvió que el ‘Lechuga’ detuviera tres penas máximas, ya que Ruud Hesp desbarató las ilusiones mallorquinistas en detener el lanzamiento final de Eskurza.

Pero no todo han sido llantos y lamentos. La mítica Plaza de las Tortugas de Palma, también ha sido lugar de peregrinación de los aficionados rojos después de grandes triunfos, como lo fue la consecución de la Supercopa de España, primer título oficial de la historia del club, después de derrotar al Barça a modo de revancha, unos meses después de la final de Copa. Unos años más tarde y con Luis Aragonés en el banquete, el equipo vivió uno de sus momentos de máximo esplendor consiguiendo disputar la Champions League y ganando a equipos tan fuertes como el Arsenal.

La juerga máxima llegaría en 2003 con la consecución de la Copa del Rey en Elche ante el Recreativo de Huelva con un Samuel Eto’o estelar y un elenco de futbolistas geniales como Albert Riera, Leo Franco, Álvaro Novo, Ariel Ibagaza o el ‘rifle’ Pandiani perfectamente gestionados por ‘el profesor’ Manzano.